Mientras que el casamiento entre dos oficiales del Ejército provoca desde comentarios homofóbicos, informes en sorna en la televisión y también emite señales de un cambio de era dentro de las Fuerzas Armadas, el homicidio del prefecto Octavio Romero, que ya había pedido licencia para casarse y apareció muerto después de que las corrientes del Río de la Plata devolvieran su cuerpo a la orilla, sigue impune y sin ninguna línea de investigación certera. Su novio, Gabriel Gerbasch, se presenta ahora como querellante en una causa más enfocada a revisar la vida social de la víctima que en otras hipótesis. Continuar leyendo Preguntas abiertas (Página 12)