20.01.14 // Acij en los medios, ACIJ en los MEDIOS, Igualdad Educativa (medios)

Los números PRO en la educación

Por Alejandro Cánepa

Más que de software el problema es de hardware. Vale decir: aunque se registraron distintos problemas en las inscripciones online que instrumentó el gobierno porteño, la realidad indica que lo que faltan son aulas, además de un programa informático sin fallas. Según los propios números que admitió la gestión del PRO, hubo 17 mil pedidos de vacantes en escuelas públicas porteñas que no fueron correspondidos, y diferentes fuentes consultadas porMiradas al Sur coinciden en que el sistema educativo público de la Ciudad no garantiza los espacios necesarios para todos los que lo soliciten.
Dado que la propia Constitución porteña, sancionada en 1996, obliga a las autoridades locales a garantizar “la educación pública, estatal laica y gratuita en todos los niveles y modalidades, a partir de los cuarenta y cinco días de vida hasta el nivel superior”, la ausencia de vacantes en escuelas públicas vuelve letra muerta esa disposición. En ese sentido, Roberto Amette, coordinador del Área de Igualdad Educativa de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), recuerda que “desde 2006 hay faltantes de vacantes en la Ciudad; por eso hemos hecho acciones judiciales, tuvimos sentencias favorables y, ante la Justicia, se firmó un acta-acuerdo mediante la cual el gobierno porteño se comprometía a un plan de obras que incluía construir 24 escuelas. Pero hasta ahora se han hecho nada más que 14, y ya están vencidos los plazos que se había dado a la gestión para construirlas”.
Por un lado, están los problemas “online”. “La inscripción online claramente ha fallado, y no se han respetado criterios del reglamento de asignación de vacantes, como distancia, continuidad en el mismo colegio o asignación en la misma escuela donde cursan los hermanos o trabajan los padres”, dice Amette. “Pero no es un tema solamente informático: faltan vacantes, más allá del sistema de inscripciones”, agrega.
En ese punto, se calcula que en el nivel inicial, que va desde los 45 días de vida hasta los 5 años, faltan por lo menos 6.700 mil lugares en el sistema público educativo porteño. El problema se repite en los ciclos primario y secundario, aunque no han trascendido cifras concretas para estos niveles. Ante este panorama, Amette cree que la colocación de aulas “modulares” por parte del gobierno porteño es un intento por paliar el déficit de lugares, aunque reconoce que como solución “es un desastre”.
La carencia de vacantes, dejando de lado los problemas de programación informática, se conecta con cuestiones presupuestarias. Sobre este punto, Amette asegura que “del total del presupuesto porteño, la parte de Educación era del 28,20% en el del 2010 y para el del 2014 se contempla un 21,60%”. La ACIJ, en el informe que elaboró sobre el proyecto de presupuesto para 2014 (disponible en www.acij.org.ar), concluyó que existe “regresividad en los recursos asignados a la educación”.
La economista Carla Degliantoni, investigadora del Centro Cultural de la Cooperación, cuenta: “Se puede mirar el total del presupuesto en Educación, pero también es interesante ver los matices dentro del mismo. Por ejemplo, la gestión macrista viene reduciendo fuertemente la parte destinada a mantenimiento y creación de nuevas escuelas. En la parte de infraestructura escolar, además, se ejecuta apenas el 60% de lo estipulado, y el resto del dinero se destina a otros propósitos.”
Como contrapartida, según la economista, las transferencias al sector educativo privado han ido en aumento. “Ahí, además de aumentar los fondos, ejecutan casi el 100% del presupuesto”, dice, y remarca que, junto a su colega Lucía Pezzarini, analizaron el gasto público de la gestión del macrismo en Educación, focalizándose en las transferencias al sector privado y en los gastos de infraestructura, en un capítulo del libro La ciudad empresa, del que participaron otros autores. En base a ese trabajo, Degliantoni recalca que “hay una política de achicar la educación pública de la Ciudad por parte del PRO”.
En el informe de ACIJ antes mencionado, coinciden con Debagliati y Pezzarini al afirmar que “el proyecto de Presupuesto continúa con un descenso abrupto de la inversión en infraestructura escolar, en un contexto de graves falencias estructurales en la materia”. Y, por caso, la ACIJ ejemplifica que para el presupuesto de 2014, el gasto en infraestructura escolar representa el 1,8% del total del rubro educativo, mientras que los subsidios a los colegios privados se llevan un 16%.
Otro dato interesante de dicho informe es que el ítem asignado en 2014 para infraestructura escolar es la mitad que el establecido en 2012, aunque la caída en 2013 había sido todavía más acentuada. Y si se analiza demográficamente la escasez de escuelas, surge que donde más faltan establecimientos de jornada completa es en la franja conformada por los barrios de Villa Lugano, Villa Riachuelo, Villa Soldati, Pompeya y Barracas.
Virginia González Gass, legisladora porteña por el monobloque del Partido Socialista Auténtico, y con una trayectoria muy larga como docente, gremialista y militante, es contundente: “Las distintas gestiones de Educación del macrismo son catastróficas. Lo que falta es infraestructura, en especial escuelas, sobre todo en zona sur, mientras seguimos subsidiando a la educación privada. Todo lo que tenga que ver con lo público, al gobierno macrista le da escozor”.
La legisladora, que forma parte del interbloque de Unen, integra, entre otras, la comisión de Educación de la Legislatura. “Esta gestión hace avanzar a las políticas neoliberales. Y no construyen las escuelas necesarias para sostener la demanda. Por ejemplo, la ciudad vendió los terrenos de Catalinas Norte, y lo recaudado tenía que ser íntegramente destinado a la construcción de escuelas y eso no sucedió”, afirma. Cabe recordar que esa operación se anunció en 2009, y se justificaba desde el oficialismo local la necesidad de vender esos terrenos para construir nuevas escuelas, algo que, en términos totales, sigue sin cumplirse.
Encadenado a la falta de escuelas, emerge el tema de las aulas “modulares” o “container”. Pensadas para atenuar, en última instancia, la ausencia de vacantes, estas aulas abren la puerta a pleitos en el futuro, ya que un padre puede demandar al Estado porteño porque su hijo es obligado a cursar en establecimientos que, en la práctica, son de segunda categoría. De hecho, ya en 2006 un fallo del juez porteño Fernando Juan Lima había calificado a la asignación de vacantes en contenedores de “práctica denigrante”, y le había ordenado al Ejecutivo capitalino, por entonces conducido por Jorge Telerman, el “cese en el obrar ilegítimo de dictar clases en las aulas modulares”. Pasados más de 7 años de esa resolución, “pareciera que si a un chico que le correspondía la vacante no se la dieron, le irían a dar lugar en el aula container, piensa Amette.
En cuanto al software, evidentemente hubo varios errores. “No se respetó el reglamento de asignación de vacantes y las fallas del sistema están tan fuera de cualquier patrón que hay chicos de primer grado inscriptos en séptimo”, dice Amette. Por su parte, González Gass cuenta: “Me llegó el caso de un chico al que los padres le habían pedido una vacante en una escuela de Villa Luro y le terminaron asignando lugar por la zona del Hospital Argerich, en la Boca, en el turno de 17 a 22”.
Sobre la modalidad de inscripción online existen miradas distintas. Amette considera que “ese sistema no es malo en sí, no lo veo como algo negativo, siempre y cuando se solucionen los problemas para quienes no acceden a computadoras o no las saben manejar”. En tanto, Debagliati cree que el mecanismo virtual genera “una barrera de accesibilidad”. Para González Gass, “las inscripciones online fueron problemáticas, pero cuando digo que las gestiones de Educación del macrismo han sido catastróficas, voy más allá de eso”.
Cuando los padres no consiguen vacante, o se las asignan pero en una escuela que no pidieron, que puede quedarles lejos, los caminos son los siguientes: o su hijo se queda en su casa, o los padres se ven forzados a pagar una cuota en una escuela privada o aceptan una plaza en un centro de primera infancia, que en realidad están pensados únicamente para chicos en situación de vulnerabilidad social. Mientras no se solucione la falta real, concreta y palpable de escuelas, ningún programa de inscripciones virtuales podrá levantar ese muro.

Miradas al Sur
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