09.10.11 // Acij en los medios, ACIJ en los MEDIOS, Villas e Integración Urbana (medios)

El peligro de vivir con todos los cables pelados

La precariedad de las instalaciones eléctricas es uno de los problemas más agudos en las villas. Los incendios son habituales y los vecinos deben hacer todas las refacciones.

Por Ayelén Bonino

Ramón está cansado. Hace una década que vive en la Villa 31 bis con sus ocho hijos y no pasó un año sin que se le cortara la luz por sobrecargas eléctricas en más de una oportunidad. “Cuando se quema un cable neutro todos los artefactos que están conectados revientan. El problema es que no hay reparación del tendido y esto pasa en todas las zonas del barrio”, explica a Miradas al Sur en su humilde negocio de comidas rápidas frente al playón central.

Los vecinos cuentan que cuando hace frío las interrupciones pueden llegar a producirse varias veces al día. “Ni diez minutos nos duran los fusibles”, explica una mujer al pasar. Otros recuerdan casos de incendios por la precariedad de las instalaciones. “Hace dos meses se quemó una casa porque prendieron velas y se olvidaron, pero lo normal es que se prendan fuego los cables”, comentan.

La situación es preocupante y se repite en todas las zonas humildes de la Ciudad. Según un informe de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (Acij),en las villas, la prestación de energía se brinda sin que existan mínimos estándares de calidad o de seguridad pública”. Para este grupo de abogados el servicio es altamente deficiente: “Los vecinos sufren casi cotidianamente cortes e interrupciones y se encuentran expuestos a riesgos que ponen su vida en peligro. Esto sucede porque los poderes públicos omiten controlar debidamente”.

Siguiendo la misma línea, el último relevamiento realizado por la Defensoría General de la Ciudad de Buenos Aires en la Villa 21-24 arrojó los siguientes datos: el 100 por ciento de los encuestados afirma que sufre interrupciones en el suministro. El 81 por ciento, baja tensión. El 33 asegura tener cortes todos los días y el 23 una vez por semana. El 96 por ciento de los hogares carece de medidor y el 60 por ciento de dispositivos de seguridad. Siete personas manifestaron que sus paredes están o estuvieron electrificadas. Cinco dijeron haber sufrido explosiones y tres padecieron incendios.

Para Acij, estos problemas se deben a que “el régimen normativo es precario, obsoleto e incompleto, dado que no regula aspectos estructurantes y da lugar a la desarticulación de los organismos competentes”.

En este sentido, existen distintos actores involucrados. Las empresas prestatarias Edesur y Edenor tienen la responsabilidad de suministrar hasta los transformadores comunitarios y de realizar tareas de mantenimiento en los medidores. En palabras del informe, “proveen de energía hasta la periferia, sin encargarse de su provisión al interior de los barrios”. Su accionar es coordinado por la Unidad de Gestión e Intervención Social (Ugis). Esta función es reemplazada, en algunos lugares, por el instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC).

Vecinos en acción. En el corazón de la mayoría de las villas se crearon diferentes cooperativas que deben dar atención inmediata a los reclamos y denunciar la falta de seguridad en las instalaciones. En otras, como en la 31 y 31 bis, la prestación queda a cargo de una empresa privada. “Acá funciona Operys desde hace diez años. Pero lo único que hace es cambiar los fusibles que se cortan, no hay mantenimiento de líneas o cambio del cableado”, asegura Ramón.

Ante este contexto, Jaime Sorín, ex decano de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, afirma que los problemas en la reparación se dan porque “hay una indefinición sobre cómo se distribuyen los roles, que hace que no se haga nada. El trazado del tendido se vuelve precario porque los propios habitantes lo resuelven”, detalla.

La presidenta de la Comisión de Vivienda de la Legislatura porteña, Rocío Sánchez Andía, presentó un proyecto de ley en el que se exige al Gobierno de la Ciudad “garantizar el suministro continuo y universal del servicio; la regularización y el mantenimiento del tendido; la construcción de conexiones domiciliarias y el alumbrado público en las calles y pasillos internos”.

“Lo que buscamos es que se acepte la situación de emergencia y que la responsabilidad quede dentro del Gobierno de la Ciudad, porque cuando se llama a la Ugis o al IVC delegan a las cooperativas o a las empresas privadas”, asegura la legisladora.

Desde el Frente para la Victoria, el legislador Francisco Nenna considera que existe “una falta de compromiso del Gobierno porteño por la falta de implementación de las políticas de urbanización y por el no trabajo de la cooperativas. Esto hoy está muy golpeado”, remarca.

Los vecinos dan ejemplos contundentes: “Nos dieron una línea telefónica, el 147, que funciona de 6 a 19 y es de toda Capital Federal. Pero en los días feriados o después del horario tenés que llamar a otro celular y te atiende un contestador. Así nunca viene nadie”, asegura Claudia Choque, delegada de la 31, y agrega: “A veces piden plata. Acá hay quejas de que no te ayudan así porque sí. Vos llamás pero, a menos que les ofrezcas algo, no vienen”.

En el barrio de Chacarita pasa algo similar. “Tuvimos que pedir un número de emergencia por si teníamos algún inconveniente. Uno llama al IVC y ellos se comunican con Operys y arreglan la luz dentro del barrio”, afirma Luisa Morales, vecina de la manzana uno. “Pero recién ahora están actuando, y es por un recurso de amparo, no porque los vecinos lo pedimos”, cuenta. Hace dos años, ella, junto a 16 representantes del barrio, impulsó un estudio de la Defensoría de la Ciudad, que, con impulso de la Comisión de Vivienda de la Legislatura, terminó en una causa para mejorar las condiciones del tramado. “Antes la situación era desastrosa. Hubo cuatro incendios. ¡Y menos mal que no murió gente! Si hubiese sido así, el Gobierno de la Ciudad hubiera sido el responsable”, detalla.

“Acá hay que hacer las obras como corresponde, la electricidad no te da oportunidad. No podés hacer cosas provisorias porque estás jugando con la vida de las personas. Y si tenés que cobrarlo, está bárbaro. Hay mucha gente que quiere pagar porque eso da una garantía de que si se te rompe cualquier artefacto te lo cambian. De esta manera no podemos ni reclamar”, subraya Ramón mientras cae la tarde en el barrio.

 

Miradas al Sur

 

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