Los que conocen los edificios de los tribunales de justicia de la capital argentina saben que el emblemático edificio de la zona portuaria, ubicado a la altura 2002 de Comodoro Py, es muy distinto a los demás.
Hay luz, espacio, y está en buenas condiciones edilicias. La gente se conoce entre sí, no hay fila en los juzgados, y el trato a los abogados es personalizado. Cada vez que se camina por esos amplios pasillos se nos presenta la sensación que así deberían ser todos los tribunales.

Sin embargo, la contracara de esas buenas impresiones es que se trata de un lugar clave para la generación de desigualdad y pobreza, y que es especialmente relevante para los negocios oscuros que se producen afuera de las paredes de Py. Es en ese edificio donde se cocina la impunidad que necesita el poder para beneficiarse indebidamente sin ser sancionado, ni tener que pagar costos por sus actos ilícitos.

Las bajas tasas de persecución de los crímenes económicos son consecuencia de lo que ocurre al interior de esta mole arquitectónica construida en 1952 y que antes albergaba a la Dirección Nacional de Vialidad, aunque luego las privatizaciones de la década del ’90 lo dejaron demasiado grande para esas funciones. Las paradojas del destino: ese edificio que tenía por objetivo ser parte de una Ciudad Judicial, ideada por Menem y Barra, es el que aún decide que las investigaciones de corrupción avancen a paso de hombre, incluidas las que involucran a ese ex presidente.
Aquí suele verse a los abogados –en su mayoría varones, desde ya– conversando animadamente con jueces o funcionarios que deben decidir en las causas. Al verlo, recordamos a aquel juez que comentaba que un estudio grande de abogados organizaba partidos de fútbol con empleados judiciales. Es que la regla de la Corte que prohíbe el “alegato de oreja” no ha llegado a Py.

Son muchas las reglas que no llegan a este lugar. Aquí no rige la obligatoriedad de que todas las audiencias de la Cámara sean orales y filmadas, ni se va a implementar el Código de procedimientos nuevo que quita poder a los jueces federales, y los plazos máximos para las investigaciones son letra muerta. El principio constitucional de igualdad ante la ley es algo decorativo en Py: hay casos que avanzan y otros no, y cuando preguntamos por qué, recibimos miradas de condena hacia nuestra ingenuidad y nos explican que los pasillos de la justicia federal suenan al son de los vientos políticos.

Pero no podemos generalizar, y debemos decir también que hay excepciones. Hay gente que trabaja allí que es muy capaz, honesta y bien intencionada. Gente que cree que el Poder Judicial debe ocupar un rol clave en la lucha contra la corrupción. Lamentablemente, no son mayoría, y no son quienes concentran el poder dentro del edificio.

A estas personas comprometidas queremos llegar a través esta iniciativa. A todos los que están convencidos de que el Poder Judicial puede estar al servicio de la comunidad, que la política no puede decidir los avances y retrocesos de los casos penales, y que la igualdad ante la ley es la base de la actividad judicial. A ellos les decimos que no están solos y que afuera hay quienes están dispuestos a respaldar su trabajo. Para eso, hace falta aumentar la comunicación, porque solos no van a poder, y este portal es un aporte en ese sentido.

Hay otros que también modifican el paisaje de Comodoro Py: las víctimas. Esas personas de carne y hueso que aparecen como consecuencia de las tragedias provocadas por los negocios de funcionarios y empresarios. La corrupción tiende a invisibilizar a sus víctimas, pero en estos casos los daños son demasiado evidentes, como nos mostró la tragedia de Once o la de LAPA.

El clima cambia en el edificio cuando las víctimas están allí. Algunos advierten que detrás de los papeles hay caras, y que los vicios de la “real politik” traen aparejado el sufrimiento que esas caras ilustran. Por un breve momento, la elegancia de los pasillos de Py deja lugar a la congoja y la impotencia. Cuando una tragedia vinculada a la corrupción enluta a la sociedad y, en particular, a sus familiares y amigos, ocurre algo particular en el edificio. Por fin, los jueces tienen que escuchar a los que están del otro lado del mostrador y que no son abogados de estudios jurídicos muy caros. Los jueces tienen que dar explicaciones y rendir cuentas sobre sus actos, y eso, claro, puede modificar la historia. El caso de Once es la prueba más evidente.

Este observatorio busca iluminar lo que ocurre en Comodoro Py. Pretende llevar luz a un ámbito de mucha oscuridad y secretismo, mostrando lo que pasa con los casos de corrupción que inician una y otra vez, pero que terminan durmiendo en las estanterías.

Buscamos fortalecer la rendición de cuentas, y que la ciudadanía pueda saber qué es lo que pasa en este extraño edificio con los casos de corrupción que son de interés de todos los miembros de esta sociedad. Necesitamos más luz allí para que la impunidad no nos inunde. Tarea difícil, titánica, quijotesca, pero no imposible si somos varios los comprometidos en llevarla adelante.

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